miércoles, 31 de diciembre de 2008

Nochevieja [2008]


El mundo había girado sobre su eje y luego, con una torsión a escala bíblica, se había dado vuelta como un guante.
2008...

  • Cuando Dios nos bendijo con la llegada de Tommy.
  • Cuando Manu dejó los pañales y comenzó el jardín de infantes.
  • Cuando la economía del planeta estalló por los aires y la empresa hacía agua.
  • Cuando en las madrugadas consultaba la Bolsa de Tokio, como si entendiera algo y ese algo me permitiera anticipar el Apocalipsis aunque sea por un segundo.
  • Cuando una noche sin dormir siguió a otra noche sin dormir y a otra y a otra...
Este año ha llegado a su fin y lo terminamos con sencillez, solos en la intimidad de nuestro hogar, mirando la segunda de Hulk o una versión del Bolero (el más reciente descubrimiento musical de Manuchito).

lunes, 29 de diciembre de 2008

jueves, 25 de diciembre de 2008

Mis amores


Manu juega el juego


El placer de jugar con los regalos que le trajo Papá Noel a Costa del Este. La pistola de rayos que hace ruido y que no para de sonar... eh... me parece que fue una idea poco atinada, Papá Noel.

Navidad [2008]


La Navidad siempre es significativa. Tanto para quien la disfruta como para el que la rechaza o procura ignorarla. Cuando chico, implicaba una serie de rituales que, de manera nada casual, se daban con precisión cronométrica:
  • El 8 de diciembre, Día de la Virgen, la abuela Chula y su hijo menor... eh... yo... armábamos el arbolito. Algunos detalles son imborrables, como la búsqueda de las cosas; el árbol propiamente dicho, detrás de los trajes y los sobretodos, en el fondo del armario del abuelo Tata; y la caja con adornos allá arriba, en las alturas de los placares. Invariablemente descubríamos varios adornitos de vidrio (de esos que ya no existen o que ahora se los vende a precios de antigüedad) caídos en cumplimiento del deber e invariablemente que las lucecitas no andaban.
  • Se incrementaba de modo paulatino el despliegue del arsenal pirotécnico, que siempre terminaba con algún herido leve, algún cactus menos en lo de doña Sara, algún sapo destripado (los chicos son crueles) y algún insulto proferido desde algún auto cuando mi amigo Tosca les arrojaba un triangulito demasiado cerca, con toda premeditación y alevosía.
  • La impresentable producción artesanal (a mi cargo) de algún pesebre troquelado que saliera con la revista Anteojito 18 k (edición especial).
  • La compra de la fruta seca con días de anticipación, que implicaba la tortura de poder ver, pero no tocar.
  • Instalarme a jugar con los autitos Matchbox en la sombra fresca del porche a esperar la llegada de mi Viejo, que el 24 lograba salir un poco más temprano del trabajo.
  • El seguimiento del sorteo del Gordo de la Lotería. Aunque me parece que mis padres no eran de  comprar billetes. Era más probable que la abuela Chula le jugara unos numeritos a la quiniela clandestina que se jugaba en la Carnicería Young
  • La realización de la ensalada de fruta a cargo de mi Vieja. El plato principal podía variar entre pollo (lo hacía mi mamá) o asado (mi papá).
  • El abuelo Tata y el tío Eduardo armaban la mesa en el fondo, con los caballetes y el tablón que estaban en el cuartito.
  • Habitualmente no teníamos invitados. Tal vez tíos de un lado o del otro lo hicieron en alguna ocasión. La visita me generaba emociones ambiguas. Por un lado, me resultaba muy excitante; por el otro, me producía un problema, porque si algo me gustaba era disfrutar de las Fiestas con mis amigos. La presencia de familiares planteaba un dilema. Especialmente después de la medianoche, cuando había que tirar (o mirar tirar) cohetes: sí o sí.
  • A las 0.01, luego de brindar, besarnos, emocionarnos y desearnos lo mejor, del jardín pasábamos al living, donde la abuela Chula, sentada sobre el sofá junto al arbolito (ubicado sobre la mesa del teléfono, al lado de la puerta de calle) hacía las veces de vocero de Papá Noel y anunciaba quién había recibido qué de parte de Fulano... El abuelo Tata se sentaba en el sillón justo enfrente, del otro lado de la puerta. Los demás nos acomodábamos por ahí.
  • Alrededor de las 0.30, yo volaba hacia la calle para tirar petardos junto con Tosca, Lobo, Danielito, el Chino, Ivana, Nutri, el Coya, Eduardito, Rolo, Claudia, Rosana, Sandra, Jorge, Lauco, Esteban, Javier, Claudio, Hernán, Elina, Octavio, Patricio, el Paraguayo y Marcos. La masividad de la convocatoria dependía de cada agenda familiar. Eran mis amigos de la infancia, que vivían en un radio de 2-3 cuadras, como mucho. Unos más cercanos, otros más lejanos también en lo sentimental. Algunos serían amigos de toda la vida.
  • Entre la 1 y las 2, mis hermanos se iban a bailar y mis viejos a charlar con los vecinos. Ahí empezaba otra cosa, inigualable e irrepetible. Malena y Cachito cruzaban con una sidra; la Lala, Emilia y Cacho se acercaban por un rato con un pan dulce; Lir y Héctor (que muchos 24 solía trabajar) traían fruta seca; Neneca y Rodolfo sumaban más sidra, porque con una no alcanzaba. A veces se sumaban los Olvar, Lucía y Lito, la Negra, los Ortiz y los Colombo. Los chicos jugábamos contentos por ahí nomás, a unos metros. Felices: que nuestros padres hablaran y se rieran significaba una ida a dormir más postergada. Después el asunto era cómo bajar desde tanta adrenalina y niveles de azúcar en sangre tan elevados.
  • Al día siguiente, la Navidad ofrecía dos opciones: un calor que derretía todo y desencadenaba la siesta (ajena) o una tormenta que desencadenaba lo mismo. Lo mismo es que el día se me hacía larguísimo.
  • Se comía lo que quedaba y yo bebía toda la gaseosa que se me negaba el resto del año.
Cada una de esas cosas se me cruzan con cada campanada rumbo a las 12 de la noche. Cada fotograma está impreso en mi frente, ya parte inmutable de mi ADN.
Después venían los festejos de Año Nuevo, que eran otra cosa. Y otra cosa muy diferente los festejos en la adolescencia.
En Costa del Este, los detalles difieren, pero la esencia es la misma. Desde despertar con un ánimo que contagiamos para todo el día, la playa, los gustos, los preparativos, la previa, la entrada, la cena, el safari de sapos, la fruta seca, los llamados por celular para saludar a los amigos y a la familia que está lejos, la larga vuelta a la manzana para apaciguar la ansiedad de Manu, los (pocos, por suerte) fuegos artificiales, la carita de sorpresa ante la aparición de los regalos y la velocidad de escape de Papá Noel, el llanto de Tommy (clásico de los bebés ante un acontecimiento social que rompe todas las rutinas de certidumbres), el de Manuchito (clásico berrinche Navideño de querer jugar a las 12.30 con todos los juguetes nuevos) y el placer personal de estar en la cama a la 1.
La foto está sacada enseguida después de que Papá Noel llegó por el tiraje de la parrilla. Sin que nadie lo viera, porque estaba muy apurado: tenía que seguir trabajando toda la noche. Dejó los regalos y los abrimos.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Nochebuena [2008]



Un gran día, de principio a fin. Pese a que nos toma de vacaciones, no falta nada, porque incluso nos hemos traído de casa un miniarbolito de Navidad para la que serán la primera Nochebuena junto con Tommy.
A la mañana disfrutamos de la playa, gracias a que nos acompaña un clima perfecto: Manu y Marcela se cansaron de jugar en el mar, y Tom-Tom y yo descansamos bajo la sombrilla. A la tarde, la pasamos en la pileta y tomando sol, mientras Tomasito duerme la segunda siesta.
A la nochecita y a la manera de previa, una generosa picada nos prepara para la cena. Sin embargo y como se entrevé en la foto, lo mejor sucede después: un safari de ranas junto con Manuchito.
Pero la tensión es muy grande. Tomaso se despierta de la tercera siesta y no entiende nada; su hermano mayor, demasiado.
¿Por qué no viene Papá Noel? -pregunta Manuchi.
Una y otra vez.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Costa del Este [2008]

No era el momento para irse de vacaciones. Mi cabeza había estallado, tanto como el mundo. Yo andaba arrodillado y a ciegas, tanteando en busca de los pedazos de materia gris que habían rodado bajo los sillones.
Sin embargo, en una carambola que incluyó venta de inmuebles, viejas deudas de la empresa y regalos atrasados por décadas, el abuelo Pichi, por una razón o por otra, termina dándonos la oportunidad de tomarnos vacaciones en Costa del Este, en el mismo apart al que fuimos cuando Manu tenía más o menos la edad de Tommy.
No; no están las cosas como para ir de vacaciones a un lugar así. Pero nuestras cabezas no dan más (en especial, la mía), los precios son de temporada baja, la oportunidad es durante el feriado de las Fiestas y la consigna es...
-Ahora o nunca -me apuró Marcela.
Mi ancestral comodidad les predice el resto, ¿no?
La experiencia anterior con respecto al equipaje resulta invalorable y con eso creo ahorramos tiempo, dinero y espacio. De todas maneras, la notoria diferencia de edades conspira a la hora de simplificar objetos. Del paragüitas, los pañales, el barral para la cama y la leche , todas cosas para Tomasito, no podemos prescindir. Así, terminamos llevando cosas hasta el cuello. Por suerte y como siempre, Fernanda cuida de Psycho, que ya ni nos extraña. Pobre Psychote... Y pensar que en una época lo llevábamos cada verano a San Bernardo. Pero nació Manuchito, después Tom-Tom... y los aparts no aceptan mascotas.
Para bajar la ansiedad, llevé a Manuchi a dar una vuelta y comprar un par de juguetes para el viaje, tipo cosas de playa, libritos de agua y un TransformerMarce armó las valijas anoche o sea que, en teoría, casi todo estaba listo.
El viaje
Programamos todo para salir cerca del mediodía, cosa de comer y partir... Sí. Terminamos saliendo pasadas las 14 y con un humor... Entre las cosas que no entran en el baúl, los chicos que demandan, el seteo del módem de la computadora de Marcela, la carga de música en el pen drive, las películas para Manuel, la temperatura que se dispara a 700 ºC de un momento a otro y una pasadita a cargar nafta, revisar el aire con los empleados de la Shell que se hacen los distraídos y Manucho que se le ocurre querer probar el inodoro de la estación de servicio a 5 cuadras casa... digamos que la mano viene complicada.
Hasta que subimos a la autopista... y casi nos pasamos de largo en el peaje de Hudson. Sí, ahí empezamos a calmarnos; en especial yo, el sacado del año. El sol rajaba la tierra desde la derecha, pero los flamantes parasoles cumplieron su cometido. En media hora, las fieras se habían calmado y... Shhh... Se durmieron.
Así llegamos a Dolores a un ritmo lento, pero parejo. Ya no estamos solos como para ir a velocidades no recomendadas. En el parador de YPF, luego que Manu quisiera probar el inodoro aquí también, cambiamos el pañal de Tomás, lo que dejó en evidencia la cantidad de cosas que llevamos. El trámite de sacar el bolso, buscar un pañal, desplegar el cambiador y desvestir a Tomaso nos consume media hora. Y todavía nos faltaban la la hamburguesa con papas fritas que mis obsesiones demandan. Los 4 partimos hacia la zona de comidas.


No sé porqué la zona de comidas del parador de YPF de Dolores rebosa de moscas. Si lo pienso con buena fe, aventuraría que debe haber muchos corrales de cría de pollos en la región; fuente habitual de reproducción de estos insectos. Ahora, si lo analizo con mala leche...
Se me hace difícil bajar desde el pico de adrenalina al que llegué para encarar las urgencias de la partida, pero mal que mal empiezo a ponerme a tono. Los chicos, por suerte, se portan más que bien, aunque Manu enseguida recuerda las vacaciones del año pasado (en realidad, de este enero), cuando... ejem... digamos que alguien que ahora está entonces no estaba.
La segunda mitad del viaje pasó sin novedades de trascendencia, salvo por los intentos de uno de fastidiar a otro y el llanto sin cesar de éste durante la última media hora de viaje, tal como lo había hecho su hermano en nuestra primeras vacaciones.
Por suerte, pese a llegar tardísimo, todavía hay sol. La cabaña que nos tocó es mucho mejor que la anterior. Estamos en planta baja y nuestra habitación está bastante separada del living, donde dormirán los chicos. Parece que no tenemos vecinos cerca; algo que deseábamos y una ventaja de vacacionar en esta época del año.
Nos instalamos bastante rápido y compramos comida en la rotisería del apart, que no parece de la calidad que conocíamos. Debe haber cambiado la concesión. Los chicos... ahí andan. Tommy está muy bien, pero Manu se está portando verdaderamente mal. Seguramente está cansado. Ojalá podamos pasar la noche en paz. Dado el tamaño de la cuna (extremadamente estrecha), Tommy dormirá las siestas en ella, pero a la noche le pondremos el barral portátil junto a un colchón.
La noche tuvo sus emergencias, aunque nada del otro mundo. Sobrevivimos.
Día 1
El clima no ayuda y Manu sigue sacado; desconocido, no hace caso y se porta mal. Antes de sacarme -todavía más- lo llevo a dar una vuelta y la verdad es que resulta una buena idea. Así, partimos de excursión por los alrededores en busca del castillo de Shrek o del dragón. Sólo encontramos el árbol del Príncipe Encantador, encontramos espadas, ramitas y piedritas.


Cuando el sol comienza a caer y el frío a aumentar, regresamos al complejo y jugamos en la hamaca y el tobogán.

Día 2
Con sol es otra cosa...

Despertamos a una hora razonable y razonablemente rápido le damos la mamadera a Tommy, nos cambiamos todos, preparamos el bolso y... corremos al comedor a desayunar. Recién después de todo eso logramos acercarnos siquiera a la playa.


El clima está fresssssco y ventoso, pero con abrigo alcanzamos a quedarnos un rato... razonable. Dado que ¡es la primera vez que Tomaso viene al mar! nos quedamos lo justo para tomarle algunas fotos y que Manu juegue en la arena.

Le ponemos onda, pero realmente el clima no da para más. Tom-Tom disfruta bastante (tampoco se vuelve loco) y huimos antes de que el viento nos vuele al infinito y más allá.
A la tarde, al menos el viento aflojó y Marce lo llevó a Manu a la pileta.
Día 3

De a poco, Manu vuelve a ser Manu, aunque un poco aburrido por la tarde. Es cuando conoce a un amiguito, con el que juega y come cereales. Lo que me resulta más difícil es contenerme para no intervenir cuando veo que el otro nene (2-3 años más grande y pícaro) quiere sacar ventajas de casi todas las situaciones. ¿Intervengo? ¿Dejo que Manu encuentre su propia manera de resolverlo? Bueno, finalmente hago algo intermedio que me genera un poco de culpa... y de alivio.

Ah, ¿ven cómo duerme la siesta el pobre de Tomás? No les exageraba.
Día 4

Hoy es Nochebuena y el día está acorde, con mucho sol y poco viento. Todos disfrutamos de la playa: Manu y Marcela jugaron en las olas con el barrenador, mientras Tommy, los más aventureros, nos quedamos bajo la sombrilla, pero expectantes.

Una imagen de nuestra cabaña, o como se llame, que es la de abajo.

Panorámica del apart, en momento que esperamos ansiosamente la llegada de Papá Noel.
Día 5

La Navidad siempre deja algo de regalo y obviamente no me refiero a objetos de consumo. Esta vez se trató de la primera festividad junto con Tommy. Pero, también, del placer de ver a Manu disfrutar de los juguetes que le trajo Papá Noel y nada mejor que con un amiguito que él solito se supo conseguir.
Día 6



El último día de playa, que por suerte ha sido más que bueno.


El debut de Tommy en la pileta ha resultado un gran éxito, pues  disfrutó a sus anchas. Para Manu eso también significó un amargo trago novedoso que digerir para tan corta edad; porque recordó su propio paso por estos mismos lugares. No es fácil... No, señor.


Pero, por suerte, Marcela se multiplica para dedicarle un tiempo a todos.
Día 7
Todo tiene un final, que ha sido mejor que el total. El saldo: positivo, pese a todas las contras. Pese a los berrinches, a los celos y a las inadaptaciones, de chicos y de grandes. Pese a todo, dimos vueltas y vueltas, y finalmente le encontramos la ídem.

Las primeras vacaciones de los 4, las primeras vacaciones de los Frecha en pleno han terminado. Oficialmente le bajamos el telón en el McDonald's de Chascomús, donde el calor abrasador comenzó a darnos la bienvenida que sólo Buenos Aires puede ofrecer. Pero en casa, que no es lo mismo.
En nuestro hogar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Tommy ahora duerme en la cuna



Sólo faltaba el único paso. Miro hacia atrás y veo una inmensa lista de tareas...

  • Colocar un chifffonnier en nuestra habitación, para que Marcela me ceda un tercio de su placard y yo instale una cajonera.
  • Ordenar el living, hacer lugar para lo que provenga de los modulares y seleccionar lo que se marcha al trabajo.
  • Ordenar mi placard, hacer lugar para lo que provenga de los modulares, desechar ropa y dejar la mitad libre para que la de Manu ocupe su sitio.
  • Vaciar los modulares, desechar el software/hardware, pasar lo que sirva al living y/o al placard y mudarlos al galpón del trabajo.
  • Hacerle la cabeza a Manuchito para que acepte al inminente compañero de cuarto.
  • Trasladar la practicuna de Tommy y colocarla entre la cama (ex cuna) de Manuchi y mi placard.
  • Despedir a Tom-Tom de nuestro cuarto con una salva de 21 cañonazos y cruzar los dedos para que todos tengamos la mejor noche posible.
  • Volver a hacerle la cabeza a Manuel para que acepte el inminente enroque de lechos.
  • Correr la cama-cuna de Manucho junta al ventanal y empezar a llamarla cuna de Tomasito.
  • Trasladar la cama de Agustina -que nos prestó Marcelo- desde el trabajo e instalarla para Manu (¡gracias Mirta y Alejandro!).
  • Que Tomaso, que Manuchito, que Psycho, que Marce y que yo nos acostemos, cada uno en su sitio, y tengamos una noche en paz.

Así sea.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Manu & Co.





Despedida de fin de año con los compañeritos del Jardín de Manu. Asado, tenis-fútbol y pileta en la casa de uno de ellos en un lindo barrio cerrado de Hudson, a bastantes kilómetros de Buenos Aires.
Luego de un año difícil para Manuchito (dejó los pañales, empezó el Jardín, nació Tommy, se le instaló en el cuarto), le vino bien una salida social bajo nuestra atenta mirada.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Tío Ricardo



Mi hermano Ricardo fue a la cancha a ver a nuestro querido Huracán y, ya de regreso, pasó a saludar a sus sobrinos.